En mi última visita a Libroria fui con la esperanza de conseguir Fantasmas de Chuck Palahniuk, que no se consigue en ninguna librería (como casi ningún libro en este país, por razones que no vienen al caso) y llevé conmigo tres libros, uno de ellos era un ejemplar no muy bueno titulado "Rebelarse vende", en cuya portada aparece una taza de cerámica con la famosa imagen del Che de Korda. Libroria es un sitio en Las Mercedes donde compran y venden libros nuevos y usados.
La imagen del Che fue el disparador para una conversación entre el señor librero y yo, que comenzó en el personaje y terminó en la política venezolana actual, como es costumbre en estas latitudes. El señor librero tiene estudios de postgrado en economía en una universidad estadounidense, es un tipo bastante paciente y agradable. Se imaginarán la calidad de conversación.
Comenzamos mal, sin embargo. Lo primero que dice el hombre: "el che es un asesino" y ahí voy yo, defensora de las causas perdidas, a explicarle que los guerrilleros matan gente y que no lo puede sacar de contexto. Si entras a una comisaría y te piden que te bajes los pantalones te horrorizas ¿no? pero si te lo pide el médico hasta disfrutas el dedo explorador. Una cuestión de contexto y de expectativas. Le explico también que los años cincuenta eran muy diferentes y que Hiroshima y Nagasaki habían ocurrido apenas años antes de que Ernesto Guevara irrumpiera en la historia, para coronarse como el ídolo de masas rebeldes que es hoy día.
Nada, no hay manera. El Che sigue siendo solo un asesino, y aunque el hombre sepa de muchas cosas (menos de la vida y obra del Che) no aceptará el argumento como válido. Lo irónico es que el Che se hubiera deleitado hablando con ese señor, pero de literatura, tremendo lector era Ernesto Guevara. Muy bien. Siguiente tema, cualquier cosa: economía, política, Chávez. Que Venezuela no produce riqueza y que somos pobres y atrasados. Sí. Y que en Cuba la gente es pobre y atrasada y tampoco produce riqueza. Ok. Y que el fin de las sociedades es producir riqueza porque así se asegura el orden, la paz, y no sé cuánta chingadera más... porque yo todavía pensaba que el Che es un hombre admirable y que ya quisiera el librero tener los guevos de caerse a tiros por defender sus ideales. Pero esos según no son guevos, es imprudencia. Nada, son guevos. Y esta conversación explotaba un sábado a las siete de la noche, después de que la librería cerrara.
Terminé cansada de escuchar la clase de dinámica económica una y otra vez, de cómo la riqueza trae la felicidad, la producción debe ser incentivada, la propiedad social es una locura y Cuba debería convertirse en la Atlantis contemporánea. Entregué el libro con la portada del Che que, para mi sorpresa, de los tres que llevé fue el único que el librero pensó que podría revender (los otros dos eran libros de derechistas de los cuales aún no he podido deshacerme), y me llevé la primera novela que publicó la mexicana Elena Garro "Recuerdos del Porvenir", que me llamó desde uno de los estantes mientras el librero hilaba con grandilocuencia y excelente dominio sus ideas procapitalistas.
Ya montada en el carro pensé "Puta (porque como saben, no tengo reparo en las vulgaridades cuando pienso pa' mis adentros), y quién le dijo a este pendejo (sin ánimos de ofenderlo) que la riqueza es igual a la felicidad. Los países más ricos tienen los índices más altos de suicidios y violencia aberrante (pedofilia, incesto y barbaridades por el estilo)" pero a estas ya me encontraba lejos del amigo librero... bien simpático por cierto, y culto, si algún día van es tremenda plática. Pero volviendo al tema, ¿dónde está escrito eso? ¿en la cabeza de quién se conectaron las ideas de riqueza material y felicidad? ¿Fukuyama? ¿Smith? ¿Friedman?
Y todo esto viene a cuento porque recientemente me encontré con una nota muy interesante. Una fundación de investigaciones en economía de Londres ha construido un medidor de "felicidad ecológicamente sostenible", llamado Happy Planet Index, y sobre la base de tres indicadores ha evaluado los 143 países del planeta que acumulan el 99% de la población. Estos tres indicadores son las emisiones contaminantes, la expectativa de vida y la percepción del bienestar de sus habitantes.
Al ver los resultados desearía haber tenido al señor librero cerca y decirle "je je" con la vocecita de Nelson, el de Los Simpsons: Nueve de los diez países que encabezan la lista son de América Latina. El número 7 es Cuba. Hasta después del 50 no encontramos ni uno de los países "desarrollados" y "ricos" del mundo.
Por supuesto que hay millones de variables que hay que considerar para aseverar que en Cuba la gente es más feliz que en Estados Unidos, y seguramente más de uno dirá que es una locura y podrá tener toda la razón que le plazca. Lo cierto es que la cosa no puede ser calva ni tener dos pelucas: para que los siete mil millones de habitantes del planeta seamos igual de "felices" que los estadounidenses, por ejemplo, necesitamos cuatro planetas. Para ser tan felices como los cubanos solo uno. No hay que tener un postgrado en una universidad estadounidense para sacar esa cuenta.
El fin de nuestras sociedades no es generar riqueza, es asegurar la felicidad de sus miembros actuales y los que están por venir. Agarra ese trompo en la uña librero.
Si quieren ver saber más sobre este interesante índice visiten www.happyplanetindex.org